Cada invierno, cientos de ballenas grises, jorobadas y azules llegan al Mar de Cortés y al océano Pacífico tras recorrer hasta 10.000 kilómetros desde Alaska y Canadá. Buscan aguas cálidas, tranquilas y seguras para reproducirse y dar a luz a sus crías. El resultado: saltos, coletazos y encuentros que quedan grabados en la memoria para siempre.
Los Cabos es mucho más que playas. Aquí, el azul profundo del mar convive con el desierto y las montañas, creando un contraste tan poderoso como sereno. Paseos en camello al atardecer, travesías en buggy por la arena, cenas románticas bajo las estrellas y navegaciones silenciosas mientras el sol cae sobre el horizonte forman parte de una propuesta pensada para disfrutar sin prisa.
Pero es durante la temporada de ballenas cuando el destino revela su lado más espiritual: observar a estos gigantes marinos en libertad, en un entorno de temperaturas agradables y junto a sus crías, es una invitación a bajar el ritmo y reconectar con lo esencial.
Hoteles que invitan a vivir la experiencia
Con el inicio del período más propicio —de enero a marzo—, algunos de los hoteles más emblemáticos de la zona han hecho un llamado especial al público latino. Entre ellos, el reconocido Hard Rock Hotel Los Cabos, que recibe cada temporada a viajeros que llegan con un mismo propósito: vivir de cerca el avistamiento de ballenas.
Esta invitación se ve reforzada por una mejor conectividad aérea, gracias a nuevas rutas con escala en Panamá operadas por Copa Airlines, que facilitan el acceso desde distintos puntos de América Latina.