Rio de Janeiro – Desfile da União da Ilha no segundo dia de apresentações do Grupo Especial das Escolas de Samba do Rio, na Sapucaí (Tânia Rêgo/Agência Brasil)

Carnaval sin comparsas ni desfiles: cómo celebrará Brasil un feriado atípico 

Con las fiestas populares suspendidas por segundo año consecutivo debido a la pandemia, el feriado de Carnaval y los últimos días del verano aún ofrecen oportunidades para descubrir lugares tradicionales de Brasil donde el espíritu festivo es tan exuberante como su naturaleza y su cultura.
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Río de Janeiro, Bahía o Pernambuco son algunos de los estados brasileños donde las celebraciones de Carnaval agotan los adjetivos: multitudinarias, divertidas, lujosas, innovadoras y cruciales para el turismo local e internacional, son eventos que despiertan interés en el mundo entero. La pandemia, sin embargo, cerró las puertas a las comparsas callejeras (blocos) y los tradicionales desfiles de las escolas, pero abriendo otras opciones para los viajeros.

El feriado de carnaval es una excelente oportunidad de conocer o redescubrir lugares de Brasil donde el espíritu festivo está en pausa, pero guardándose hasta el año próximo. A continuación, algunos de ellos.

Pernambuco: Recife, Olinda y Costa de los corales

Recife, capital de Pernambuco, está localizada a 2.660 km de São Paulo y volcada hacia el Atlántico en una de las coordenadas brasileñas más cercanas al Ecuador. Esa ubicación le confiere un clima privilegiado, con la posibilidad de disfrutar sus paisajes al sol durante casi todo el año. En Pernambuco está el origen de varios símbolos culturales del país: la capoeira, el frevo, la cachaza (el aguardiente de caña considerado bebida nacional) y la feijoada, considerado el plato nacional de Brasil.

La capital de Pernambuco tiene una geografía variada con islas, canales y puentes, legado de su herencia holandesa. El punto fuerte del recorrido urbano es su circuito histórico a partir del Marco Zero (punto de partida de todas las rutas de Recife), la Rua do Bom Jesus, el Centro Cultural Judaico, la histórica Capela Dourada, el Forte das Cinco Pontas y la costanera de Boa Viagem. Mención especial para el Paço do Frevo, un museo donde se preserva la memoria del baile tradicional de la región, ofrecen clases y talleres para aprender los pasos, que suele ser una especie de ensayo permanente para las fiestas venideras de Carnaval.

Olinda está ubicada a diez kilómetros de Recife, y por ser una de las ciudades coloniales mejor preservadas del país fue declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la Unesco y también por el gobierno de Brasil. Durante el carnaval de 2020, unas 3,5 millones de personas circularon por las colinas de sus calles empedradas, entre comparsas y bares con fiestas alusivas. El carnaval, sin embargo, sigue vigente todo el año en la “Ciudad Alta” de Olinda, donde es posible disfrutar del atractivo arquitectónico de las casas coloridas y una amplia oferta gastronómica. En el barrio de Bonsucesso se ubica la casa del personaje más importante de la ciudad: “El Hombre de la Media Noche”, el muñeco gigante cuya salida a las calles marca el inicio del carnaval pernambucano. En la casa -abierta a las visitas- se guarda al célebre “personaje”, cuya salida genera algarabía y emoción en toda la ciudad, una referencia cultural poderosa de la historia pernambucana. Las sedes y lugares de encuentro de los blocos de carnaval tradicionales también están en Olinda: Cariri Olindense, Pitombeira dos Quatro Cantos, Bar do Ró (donde se organizan encuentros musicales) y la tienda de máscaras de Julião.

A 100 km de Recife estás las playas que de la Costa dos Corais, conocidas también como “Caribe Brasileño”, por sus mareas calmas y aguas transparentes. La línea de playa comienza en Pernambuco y llega hasta el vecino estado de Alagoas; es un área de protección ambiental donde abundan los arrecifes de corales. Entre los imperdibles destacan las playas de Porto de Galinhas, Peroba, Antunes, Porto das Pedras, São Miguel dos Milagres, Japaratinga y la más concurrida, Maragogi.

“Incluso sin las tradicionales fiestas de carnaval, este feriado es una oportunidad perfecta para sumergirse en la cultura, la gastronomía, los bailes y conocer un poco de esta parte fenomenal del nordeste brasileño”, dice Carlos Brito, presidente de EMBRATUR.

Río de Janeiro y litoral fluminense

La capital carioca cuenta, desde siempre, con un ambiente animado, volcado a la naturaleza, la cultura y el deporte. Sin blocos (comparsas), pero con feriado, la pandemia impuso la prohibición de celebrar fiestas callejeras multitudinarias y los tradicionales desfiles del Sambódromo se pospusieron para los días 22,23 y 30 de abril. Sin embargo, para quienes quieren palpitar el Carnaval en febrero y marzo, los ensayos en los galpones de las escolas se celebran todos los fines de semana, abiertos a visitantes con certificados de vacunación al día, bajo la coordinación de la entidad que nuclea a las escolas que compiten en el carnaval carioca.

Además de las playas de la ciudad y sus alrededores, en Río existen atracciones imperdibles como el Museo del Mañana, ubicado al lado del Museo de Arte de Río, MAR, en la zona portuaria de la ciudad -ambos con hermosas vistas a la Bahía de Guanabara- renovada en los años previos a las Olimpiadas de 2016. Como complemento del paseo están las atracciones tradicionales -el teleférico de Pan de Azúcar, el Parque de Tijuca, el Corcovado, los bares y los botecos (algunos de los cuales han sido declarados patrimonio de la ciudad), que permiten -a través de la comida y bebida- una inmersión inmediata en el alma de una ciudad icónica.

Una opción para descubrir el lado “B” de Río lo ofrece la agencia Guiadas Urbanas, fundada en 2013 y cuyo lema es mostrar al turista lugares inéditos de la ciudad, relacionados con su herencia africana, el origen del samba, la cultura suburbana y las opciones gastronómicas más accesibles que las de la zona sur, postal más conocida por los visitantes internacionales. Los recorridos son personalizados, así que conviene hacer una consulta previa.

Y como el Carnaval sin fiesta y sin playas sería demasiado, saliendo de Río está la hermosa costa fluminense, a pocos kilómetros y con excelente infraestructura. Arraial do Cabo, Búzios, Cabo Frio y Paraty son solo algunas de las paradas favoritas en un recorrido que suele ser terrestre y que, tras un breve trayecto, permiten olvidarse del paisaje urbano y sumergirse en rincones exuberantes, tanto en la costa como en alguna isla cercana con un punto en común: aguas calmas, olas amigables y playas con reflejos verdosos y celestes.

Con 836 kilómetros continuos, la costa del estado de Río de Janeiro es la tercera más extensa de Brasil, y una de las más bellas del país. Para muchos suramericanos, viajar a estas playas es redescubrir destinos familiares y encantadores donde el español compite con el portugués: en ciudades como Buzios se estima que 20% de la población es de origen argentino.

“Incluso para nosotros que vivimos en Brasil, visitar Río de Janeiro y la costa fluminense es un viaje de ensueño. Con nuestras fronteras abiertas y las conexiones aéreas volviendo al nivel previo a la pandemia, espero que nuestros amigos y hermanos de todo el Mercosur vengan a pasar vacaciones y días festivos con nosotros. Brasil los extraña”, dice el presidente de Embratur, Carlos Brito.

Bahía y sus barrios desconocidos

Sin los tríos eléctricos que movilizan millones de personas en el Carnaval, la efervescente capital de Bahía ofrece un feriado más sosegado, donde la cultura y la naturaleza son los atractivos excluyentes. Conocida como “la Roma negra”, gracias al legado africano en su población, las artes y la religión, Salvador tiene destinos imprescindibles como el barrio histórico del Pelourinho, el Mercado Modelo (que acaba de cumplir 110 años), el Elevador Lacerda, el Farol da Barra y la Iglesia del señor do Bonfim. Otros atractivos -menos conocidos por los visitantes extranjeros -son los barrios de Gamboa de Baixo y Vila Brandão, a menos de cuatro kilómetros del Pelourinho, que son comunidades ubicadas a las orillas de la Bahía de Todos los Santos, con atracciones culturales y una interesante oferta gastronómica.

Gamboa de Baixo -al lado del Museo de Arte Moderno de Bahía- permite recorrer el Solar do Unhão, un conjunto arquitectónico ubicado en un antiguo ingenio azucarero del siglo XVII. Allí se accede a una playa desconocida para quienes no viven en la zona, pedregosa, pero exclusiva, también accesible por barco tras un paseo de 20 minutos desde la prainha da Preguiça, al lado da Bahia Marina. En Vila Brandão hay un mirador desde donde se puede divisar desde la Bahía hasta la Isla de Itaparica.

En el casco urbano, las playas más interesantes para visitar son Farol da Barra y Buracão. Mientras que en la playa de Farol el espacio es muy demandado por quienes prefieren las olas suaves y las piscinas naturales, la playa de Buracão es la favorita de los amantes del mar más agitado. Aquellos que buscan paz no pueden perderse Stella Maris y Flamengo. En Lauro de Freitas, ciudad fronteriza con Salvador, las playas más populares son Ipitanga y Buraquinho.

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